Mi mente vaga, quizás no intente ir muy lejos. Es extraño y poco casual encontrarme a estas horas pensando en ti, en nuestros tormentosos recuerdos, esos, los mismos que han volado hacia un destino desconocido.
Ya no dueles, no, ya no; pero a veces y solo a veces, así como en esta noche, te encuentro sin quererlo y sin proponérmelo, vagando, no muy lejos de mi mente.
¿Y qué será de ti? Hace tanto que no te veo, hace tanto que desapareciste por completo, tanto que tu voz ya no me suena en ningún sitio, tu imagen no me perturba, tu aroma no me hace soñar, ni extrañarte, ni necesitarte.
¿Volveremos a encontrarnos? ¿Qué diremos? ¿Hablaremos? Son muchas preguntas y ninguna respuesta precisa. El tiempo avanza y nos cambia, nos distancia, nos vuelve seres cada vez más fríos y serios, más olvidadizos, dañados e imperfectos; nos viste de madurez y nos desviste de inocencia.
¿Sabes? Quisiera verte nuevamente, talvez solo sea un impulso, una necesidad casi estúpida para reafirmarme que este es el fin definitivo y que ya no existirán replicas de este mal de amor que me causaste.
Me he quedado con un gran cuestionario a mi favor, preguntas que ya no vale la pena que respondas. Ya nada importa el si algo me quieres, quizá sea porque en este preciso segundo yo no te estoy queriendo.
Es algo que nunca antes me había pasado, es una nostalgia mágica y trágica, es una melancolía torpe y aburrida. Te estoy recordando, llevando a cabo cada instante junto a ti, cada sentimiento, cada palabra, cada suplica para que te quedarás, cada mirada secreta, ilusión, amor, desilusión … cartas guardadas y apiladas en un cajón, melodías dedicadas, rosas marchitas y no siento nada, ni un cosquilleo, ni la más mínima alarma de llorar.
Es que te llevaste todo incluyendo este amor que se apago de a poco y que a ratos deambula como un fantasma que quiere asustarme y hacerme correr desesperadamente a tus abrazos, a tus frases típicas, a tus gestos banales, al laberinto oculto de tu mar de sensaciones, miedos e infantiles oscuridades.
No eres lo que amé y no soy lo que amaste alguna vez. O talvez somos los mismos pero nos ahogamos en la fantasía, en esa relación enfermiza, de ser y no ser, de ser el juguete y el niño, de ser títeres de sentimientos nuevos y reprimidos que nos acabaron en el peor de los silencios y malestares románticos.
Contigo aprendí y conmigo aprendiste, le dimos vueltas a todas las turcas, destruimos, destrozamos, sangramos, transpiramos amor; si es que a este juego de dementes se le puede llamar amor, porque lo que menos hiciste fue amarme y porque lo único que aprendí fue a amarte.
Conmigo aprendiste a pedir disculpas y contigo perdone, contigo a todas horas, en mi mente, en mis latidos, en mis citas con el doctor, en los foros de Internet buscando olvido. De ti me enamoré.
Hoy todo es tan distinto, tan normal, tan superficial, tan correctamente profesional. Es verdad, de amor nadie se muere, el amor va y viene. No sé si es a la larga un bien o un mal pero es necesario.
Y me hiciste sufrir, te hice sufrir, y ya que importa, si mantuviste vivo por largo tiempo mi corazón.
Me despido de tu recuerdo por siempre, seguramente, algún día, alguna canción, frase, o simplemente una imagen fugaz te haga volver a mi mente. Yo reaccionaré con una sonrisa tibia, con un brillo gris en los ojos, suspiraré y seguiré mi camino sin más, pues me guste o no, marcaste la etapa básica, esa etapa que mezcla la niñez con la juventud y que aquí, en esta carta sin destinatario se sella de una vez por todas.
Adiós.
By: Pantomima_nz
jueves, 7 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)